Planificadores, improvisadores y el mito del método correcto
En toda oficina están los dos: la persona que el domingo por la noche ya tiene toda la semana marcada por colores y la persona que hace su mejor trabajo en la cuarta hora de una entrega a contrarreloj que juró no repetir. Cada una sospecha en silencio que la otra lo está haciendo mal.
Ninguna de las dos lo hace mal. La estructura y la improvisación son estilos, no virtudes — quien planifica compra certeza y paga con flexibilidad; quien improvisa compra adaptabilidad y paga con previsibilidad. Un equipo necesita las dos monedas.
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El fallo no está en tener un estilo, sino en contratar, dirigir o casarte solo con gente de tu mismo estilo. Los equipos de solo planificadores ejecutan de maravilla el objetivo del mes pasado. Los equipos de solo improvisadores rescatan brillantemente proyectos que ellos mismos incendiaron.
Descubre tu mezcla real — no la que te impone el trabajo — y deja de pedir perdón por ella. Toma prestados los trucos del otro bando; no te conviertas a su religión.